lunes, 29 de noviembre de 2010

Nanotecnología para luchar contra los tumores y acabar con el cáncer



La lucha contra el cáncer parece no tener fin. A pesar de todos los esfuerzos científicos (y económicos que conllevan), pasan las décadas y la enfermedad continúa causando estragos entre la población mundial.
Ante la tremenda cifra de muertes que provoca la enfermedad, podría parecer que la medicina apenas avanza en su curación. Pero esto no es así: cada día que pasa se consiguen mejores resultados y existen algunos tipos de cáncer que, diagnosticados de forma precoz, tienen un alto índice de supervivencia.

Los métodos para combatirlo son diversos: extirpaciones de tumores, quimioterapia, radioterapia... pero el reto sigue siendo encontrar un método eficaz de curación que sea rápido y que cause los menores efectos secundarios posibles en los pacientes.
Dos estudios publicados recientemente aportan una buena dosis de esperanza en el tratamiento de la enfermedad. Ambas se basan en el uso de nanopartículas para la destrucción de los tumores.


El primer método está desarrollado por científicos de la Universidad de Tel Aviv y está basado en la introducción en el cuerpo humano, a través de una simple inyección de una mezcla de nanopartículas aprobadas por la FDA (Agencia estadounidense de alimentos y medicamentos) y anticuerpos que se encargan de localizar los tumores y dirigirse directamente hacia ellos, reduciendo al mínimo el daño causado a los tejidos adyacentes.

Cuando las nanopartículas envuelven el tumor, son estimuladas desde el exterior a través de un campo magnético. De esta forma se calientan y destruyen las células cancerígenas sin dañar los tejidos circundantes. Una vez completado el tratamiento, las nanopartículas se expulsan del cuerpo de forma natural sin dejar rastro, minimizando los efectos secundarios.

Aparte de la eficacia que ha demostrado este método en los primeros estudios, su gran ventaja es que el tratamiento completo se puede realizar en apenas seis horas y la recuperación no requiere de hospitalización, con lo que el paciente puede dormir ese mismo día en su casa.


El otro método al que queremos hacer referencia es bastante similar. En este caso, se trata de una evolución de una técnica ya conocida como Terapia Térmica Inducida por Láser (TTIL). Para realizarla se usaban nanopartículas con capacidad de absorber energía a través de un rayo láser y convertirla en calor. Si las nanopartículas son alcanzadas por el rayo mientras se encuentran dentro del tumor liberan la energía con alta temperatura y matan las células cancerosas.

Sin embargo, hay un problema con la TTIL: en el escáner que usan los médicos el tumor puede verse claramente, pero las partículas no se ven. Una vez que son inyectadas al paciente no se les puede seguir el rastro y esto puede ser peligroso pues si el láser alcanza las partículas cuando están lejos del tumor el calor puede destruir tejido sano.

Para solucionar este problema, médicos del Centro Médico Bautista de la Universidad Wake Forest (Carolina del Norte) han ideado unas cápsulas compuestas por nanotubos de carbono con múltiples capas de hierro, de un tamaño 10.000 veces más finas que un cabello humano. Estas cápsulas son visibles en la pantalla de un escáner y pueden ubicarse con precisión dentro del cuerpo humano. Cuando llegan a un tumor, se les dispara un láser que provoca que el rápido calentamiento a esa escala tan pequeña destruya el tumor.

Ambos métodos están teniendo unos resultados espectaculares, tanto en la destrucción del tumor como en la ausencia casi absoluta de efectos secundarios en los pacientes. Esperemos que continúen por ese camino y que dentro de poco podamos decir que la curación de cualquier tipo de cáncer es ya una realidad.

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