martes, 2 de diciembre de 2008

Internet fuente de hospitalidad


¿No viaja porque no dispone de suficiente dinero para pagarse un hotel decente? Pues esto empieza a no ser un problema.
Internet ha revolucionado todos los sectores y el mundo de los viajes ha sido, con diferencia, uno de los que más ha cambiado. Comprar billetes de avión o tren y reservar una habitación de hotel o casa rural a través de la red ya es lo más normal del mundo. Lo raro empieza a ser acudir a una agencia de viajes. Sin embargo, de un tiempo a esta parte se está dando una vuelta más de tuerca al mundo de los viajes y está ganando fuerza la opción del intercambio.

A través de las páginas web Hospitality Club (HC) o Couch Surfing (CS) podemos encontrar un amplio abanico de viajes en los que lo único de lo que deberemos preocuparnos es de llegar a nuestro destino. Una vez allí, nuestro anfitrión se ocupará de hacernos la estancia lo más agradable posible.


Entrar a formar parte de este nuevo concepto de viajes es muy sencillo: hay que entrar en alguna de estas páginas y darse de alta creando un perfil. El objetivo de estas webs es acercar a la gente: viajeros y nativos, invitados y anfitriones. Los miembros del “Club de la Hospitalidad” se ayudan los unos a los otros cuando viajan, ya sea proporcionando un techo bajo el que dormir o una visita guiada por la ciudad.

¿Nunca han deseado tener un “amigo” en el país que hemos elegido para pasar nuestras vacaciones, alguien que conozca el terreno que pisa? Si usted es una persona abierta, que prefiere conocer un lugar relacionándose con sus habitantes y no a través de un paquete turístico, si quiere conocer las verdaderas costumbres de los lugareños y no los espectáculos turísticos comerciales y, por naturaleza, confía en el prójimo, esta forma de viajar le va a gustar. Y además, resulta bastante económica.

Por lo general, el anfitrión se encarga de dar cobijo al visitante o de proporcionarle uno que resulte agradable y económico, le indica al viajero los transportes públicos que puede utilizar para sus desplazamientos por la ciudad, cuando no lo acompaña personalmente, le dice dónde se puede encontrar comida típica de la zona, aparte de buena y barata y le invita a conocer a otras personas, ya sean viajeros o lugareños, con sus mismas costumbres y aficiones. A cambio, el viajero deberá ejercer de anfitrión para el mismo miembro del club o para cualquier otro que desee visitar su ciudad de residencia.


Después de cada intercambio, se incluyen unas referencias en las fichas de ambos, para que futuros usuarios sepan si son recomendables o no.
Las referencias que se pueden encontrar, por lo general, no pueden ser mejores. Ilusión, generosidad, amabilidad... Si le gusta relacionarse con la gente, conocer sus costumbres, disfruta con la compañía de personas nuevas, no tiene miedo a lo desconocido y lleva un presupuesto ajustado, está es su forma de viajar.

Conocer realmente a gente de otros lugares es una fuente inagotable de enriquecimiento. Se aprende a ser tolerante y solidario. Un poco más humano.

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