viernes, 23 de febrero de 2018

Sexo en las nubes a partir de 500 euros



En la vida hay que huir de la rutina, sobre todo si de lo que hablamos es del sexo en pareja. Con nuestra pareja, me refiero. Bien lo saben en Estados Unidos donde están proliferando las compañías que proponen llevar a la realidad aquello que cantaba Jean Paul Young en el año 1978: “Love is in the air”, el amor está en el aire.  

La pequeña aerolínea Flamingo Air, con sede en Cincinnati, ofrece a las parejas la posibilidad de pasar un tiempo a solas en su monomotor Piper Cherokee 6 a 5.000 metros de altura mientras la aeronave pasea “sin rumbo” por el sur del estado de Ohio.

Algo incómodo por la estrechez del habitáculo, pero cumpliendo a rajatabla todas las normas vigentes y dotado con un buen colchón, cómodos cojines y un par de botellas de champagne, los pasajeros deben utilizar el cinturón de seguridad durante el despegue y el aterrizaje. Cuando el aeroplano se estabiliza, el piloto corre la cortina que le separa de los pasajeros y a partir de ahí…

A la aerolínea no le faltan clientes, pero hace su “agosto” en algunas fechas señaladas: el día de San Valentín, el día del Padre y el día de la Madre. Y contra lo que algunos podrían pensar, la gran mayoría de los  pasajeros son personas casadas que ansían vivir una nueva experiencia. ¿El precio? 475 dólares.


Algo más cara resulta esta misma experiencia en Las Vegas, donde la compañía Love Cloud oferta tres tipos de vuelo: el de plata, que cuesta 900 euros por 45 minutos de vuelo; el dorado, que dura 60 minutos y cuesta 1.000 euros y el platinum, para quien le guste recrearse, que por 1.400 euros ofrece 90 minutos por encima de las nubes.

Se nota que estamos en la capital mundial del juego, porque aquí los servicios son más lujosos: sistema de sonido inalámbrico donde los clientes pueden poner su propia selección de reproducción de música, sábanas de satén rojas, almohadas y cojines sensuales, colchón de espuma, una fotografía al lado del avión para tener un buen recuerdo de la aventura romántica y una identificación VIP del Mile High Club, una exclusiva sociedad que acoge a todos los que han tenido relaciones íntimas en las alturas


Desconozco si en nuestro país existe alguna compañía que ofrezca estos servicios. Si alguien sabe de alguna, agradeceríamos nos lo indicase con un comentario. Que cambiar la rutina, nunca está de más.


miércoles, 14 de febrero de 2018

Se demuestra el ahorro y la eficiencia del modelo sanitario Alzira… y Ximo Puig se lo carga



Es complicado que las mentes preclaras españolas (ironía: me refiero a los políticos) acierten en alguna de sus decisiones. Por simple estadística, a veces se equivocan y lo consiguen. Es el caso del denominado “modelo Alzira” de gestión hospitalaria.

Corría el año 1999 cuando se puso en marcha un novedoso (al menos en España) modelo sanitario en la localidad valenciana de Alzira, adaptación a la española de las prestaciones de servicios públicos que estaban teniendo lugar en países como Reino Unido y Suecia. Una concesión administrativa que pretendía dotar a la sanidad de la eficiencia, flexibilidad y calidad propias de la empresa privada, pero con la titularidad pública de los hospitales. En resumen: propiedad pública, control público, financiación pública y gestión privada.

Pasadas casi dos décadas, los exitosos resultados, tanto clínicos como económicos del Hospital de la Ribera, se han convertido en un caso de estudio a nivel internacional, como atestiguan los informes de la Universidad de Berkeley y Harvard.


En un país “normal”, este éxito en el modelo debería servir para generalizar su uso, trabajando para mejorarlo. Pero en España, y más concretamente en la Comunidad Valenciana, lo que prima no son los resultados sino el partido que gobierna. En las elecciones de 2015 resultó ganador el PSOE presidido por Ximo Puig (gobierno tripartito) y eso de que existiese en “su” comunidad un sistema sanitario privatizado (aunque fuese en una ínfima parte) no entraba en sus planes, así que decidió acabar con el modelo Alzira e integrarlo en el Servicio de Salud Valenciano. Para justificar su decisión, encargó un informe a la Sindicatura de Cuentas con la confianza de que fuera favorable a sus pretensiones. El informe no puede ser más esclarecedor:

- Mayor calidad percibida, con un 84,8% de pacientes satisfechos o muy satisfechos, con especial mención al trato personalizado y a la mayor privacidad ya que todas las habitaciones son individuales.

- Mejor calidad objetiva, con un 95,43% de pacientes atendidos en tiempo en urgencias frente a una media del 81,46%.

- Menores tiempos de espera, con una demora media de listas de espera de 22 días frente a los 45 de media.

- Un 21% de gasto inferior a los hospitales de gestión pública (721 frente a 916 euros por habitante).

El ahorro anual para la Comunidad Autónoma es de 42,5 millones de euros, mejorando la atención sanitaria a los usuarios. ¿Creen que Ximo Puig ha cambiado de opinión? Ni se le ha cruzado la idea por la cabeza: no renovará la concesión que expira el próximo 1 de abril. Poco importa el bienestar de las 256.000 personas residentes en la comarca.


No puede subsistir. El modelo Alzira se ha convertido en un símbolo que no ha hecho más que poner en evidencia las deficiencias de los hospitales gestionados por el servicio público, incapaces de alcanzar las ratios de satisfacción, calidad y costes del centro de gestión privada. Y eso, a personajes que sólo se han dedicado en su vida a la política, a la demagogia populista y a los sofismas ideológicos, no les gusta.



jueves, 1 de febrero de 2018

La historia de los antinatalistas que quieren acabar con la especie humana



“Considero que tener un hijo es un acto egoísta que responde sólo a los intereses de los progenitores. Vivir es sufrir y quien no existe, no sufre. Soy antinatalista desde que tengo uso de razón”

Así habla Gemma Orozco, técnica informática de 25 años de Lérida. Y de la misma opinión son Audrey García, de 39 años, Mara Rodriguez, fotógrafa de 26 o uno de los gurús del movimiento antinatalista, el sudafricano David Benatar, director del departamento de filosofía en la Universidad de Ciudad del Cabo y autor del libro “BetterNever to Have Been (Mejor no haber existido nunca)” cuya dedicatoria es para hacérselo mirar: “A mis padres, a pesar de haberme dado la vida”.

En elmundo.es los han entrevistado. No se lo pierdan:

La primera de nuestras heroínas, Gemma, afirma que “el nuestro es un mundo superpoblado en el que sobra gente, en el que la industria ganadera es una de las principales responsables del cambio climático y la deforestación”. “Vivimos bajo un capitalismo terrible y despiadado y tener un hijo significa darle un nuevo esclavo al sistema, darle más carne de cañón”. No es difícil averiguar cuáles son sus inclinaciones políticas tras estas declaraciones.     

Audrey cree que “no querer hijos no es egoísta. Crear a alguien que no ha pedido nacer, sí lo es. Quien no nace no sufre daño alguno ni se pierde nada, porque no existe. “Decidir traer niños a este mundo no es una decisión de amor. No se ama a quien no está ni siquiera concebido. Se traen porque la gente tiene ganas de ello. Y punto. Eventualmente, se les quiere luego”. Y habla de su página web (ya cerrada) en la que hacía campaña por sus creencias y se muestra orgullosísima de que, al menos 14 personas, decidieran esterilizarse tras consultar su página. Hay gente que se enorgullece de sus estudios, de su trabajo, de sus logros personales… en fin.

Mara reconoce que “no quiero hijos. Es algo que tengo claro desde que era niña. Estoy de acuerdo con que la especie humana es monstruosa y está causando un daño irreparable a otras especies y al planeta”. Y nos cuenta su experiencia cuando acudió a la Seguridad Social para que la esterilizasen: “Me pusieron muchísimos problemas, que era muy joven y que tendría que tener al menos 35 años para solicitar este tipo de intervención. Me sentí maltratada y humillada, como si no tuviera derecho a decidir sobre mi cuerpo. Voy a esterilizarme en una clínica privada, aunque me cueste 1.900 euros lograr mi sueño”. Se demuestra que sí puede decidir sobre su cuerpo. Pero pagándolo de su bolsillo y no con el dinero de todos.


Finalmente, el “filósofo” David Benatar responde:
“La existencia humana conlleva mucho dolor y sufrimiento y, por eso mismo, es un error traer nuevos seres humanos al mundo”
- En la vida también hay cosas buenas, ¿no?
- Sí, es verdad, pero no valen la pena ante el dolor de las muchas cosas malas. Piense en cómo muere la gente, piense en el cáncer, en las enfermedades infecciosas, en las dolencias... Hay mucho sufrimiento en la vida, mucho.
- ¿Acaso se arrepiente de haber nacido?
-No, pero creo que no nacer, no percibir nada, no sentir el sufrimiento que conlleva vivir, no está mal.

Como no podía ser de otra forma, los antinatalistas también tienen una asociación de referencia, el Movimiento por la Extinción Voluntaria de la Raza Humana (VHEMT), nacido en 1991 en Estados Unidos que aboga por que las personas dejen de reproducirse para provocar la desaparición gradual de la humanidad. Un consejo, acelerarían el proceso si ellos mismos se quitaran de en medio ya.


Afortunadamente, entre gilipollez y gilipollez, también tienen sus momentos lúcidos como el del “gurú” Benatar que afirma: “no creo que todos los seres humanos dejemos de reproducirnos, ni siquiera a gran escala. Pero, aunque sea a pequeña escala es importante, porque significa que se le ahorrará sufrimiento a mucha gente por no traerla al mundo”.


Lo dicho: que hay gente “pa tó”. 

martes, 30 de enero de 2018

Las nutripolleces vuelven en el nuevo libro del “chef cabreado”



Anthony Warner no es un escritor al uso. Bioquímico de profesión y con amplios conocimientos de la industria alimentaria, escribe desde 2016 un blog titulado “El chef cabreado (The Angry Chef), nombre con el que también se le conoce en Reino Unido y título del libro que acaba de lanzar y que presentó en Madrid hace unos días. ¿Su objetivo? Desenmascarar las mentiras y los peligros de una industria autodenominada saludable, pero que realmente no lo es.

En las 355 páginas de su libro, Warner escribe –y critica- la dieta alcalina, la paleo, la moda de quitar el gluten de la dieta sin ser intolerante, el detox… con humor, ironía e información útil, a la vez que se enfada con algunos famosos que promocionan una alimentación sana sin ninguna base científica, sólo por intereses económicos, o con las “nutripolleces” que caracterizan a la pseudociencia y la fantasía que rodea a muchos alimentos y dietas.
Veamos lo que opina sobre algunas dietas:

- Detox. Es una industria construida sobre la nada. Estas dietas no sirven para nada. La sola idea de que podamos desintoxicar el organismo controlando lo que ingerimos es una soplapollez pseudocientífica de primera.



- Dieta paleo. Ni siquiera los antropólogos saben lo que comían en las cuevas del paleolítico. ¿Cómo se puede hacer una dieta así?

- Dieta alcalina. Propone que nuestro cuerpo prefiere el estado alcalino y por tanto, defiende eliminar los alimentos ácidos del menú. Esta hipótesis se derrumba con la afirmación de que los alimentos ingeridos van a alterar el pH de la sangre. Imposible. Además, no cura enfermedades.

Lo que opina sobre algunos alimentos tampoco deja indiferente:

- Col rizada. Quienes defienden el universo “detox” dicen que limpia los riñones. No hay ninguna prueba de que esto sea verdad. Ni tampoco de que el ajo, el té verde, el jengibre o las nueces tengan poderes desintoxicantes. Son productos saludables… y basta.

- Aceite de coco. Se le atribuyen propiedades antibacterianas, anticancerígenas, antiinflamatorias y antioxidantes. Madonna, Miranda Kerr y Paltrow lo toman a cucharadas y dicen que lo emplean incluso como enjuague bucal y lubricante sexual. No hay estudios que demuestren que sirve para combatir enfermedades y hasta hace muy poco tiempo, este aceite era un tabú comparable con el aceite de palma actual.


- Azúcar. No es un veneno ni una toxina ni una droga. Las posturas extremas frente al azúcar generan miedo, cuando la OMS recomienda ingerir hasta un 5% de las calorías diarias en azúcar añadido en una dieta sana y equilibrada. Los sustitutos naturales como la miel o el sirope de arce funcionan muy bien y sustituyen al azúcar porque son, principalmente, azúcar.

Warner hace una reflexión muy interesante sobre la división de los alimentos entre “buenos y malos” que utilizan las dietas milagrosas. Los alimentos considerados “buenos” suelen ser caros para transmitir la sensación de que son exclusivos, lo que hace sentirse mal a las personas que no pueden permitírselos y les provoca la sensación de estar haciendo trampas a su salud. Se suelen demonizar los productos asequibles y pone cinco ejemplos: el pan, con muchísimas propiedades beneficiosas para la salud; las patatas, con grandes propiedades nutricionales; el arroz, base de la alimentación de miles de millones de personas; los lácteos que ahora se relacionan con numerosas enfermedades y la pasta: ¿por qué eliminar los carbohidratos de la dieta?

Pero si hay algo que enfade al “chef cabreado” son las dietas, alimentos y consejos al margen de la medicina convencional que aseguran que pueden curar el cáncer. En Reino Unido existe la ley del cáncer que persigue a quien diga que puede tratarlo, curarlo o prevenirlo. Si se hace en los medios de comunicación convencionales, es un delito, ¿a qué esperan para hacer lo mismo en internet?


Si usted es de los que está harto de aguantar a toda esta calaña de “sabios” que se atreve a darnos lecciones sobre lo que comemos (aun a sabiendas de que sus vidas están repletas de escándalos y de costumbres “poco sanas”), desahóguense con el libro “El chef cabreado. Mala ciencia. Toda la verdad sobre las dietas milagrosas” de la editorial Ariel. 


lunes, 29 de enero de 2018

Las pajitas de refresco se acercan a su prohibición



¿Recuerdan la cruzada ecologista en contra de las bolsas de plástico de los supermercados? ¡Qué bien les vino a las empresas de distribución! De golpe, para ser “más ecologistas que nadie”, empezaron a cargarnos entre 3 y 5 céntimos por una bolsita con la publicidad de su cadena. ¿Ha bajado el consumo de plásticos en España? Ni por asomo.

Sin embargo, por aquella costumbre tan humana (y tan española) de no reconocer los errores, a partir de marzo, cualquier establecimiento (no solo los supermercados) estará obligado a cobrar entre 3 y 30 céntimos por las bolsas de plástico, aunque por política de empresa prefieran regalarlas. Y se espera que queden prohibidas en 2020.

¿Servirá de algo? De poco si tenemos en cuenta que según un estudio de la revista Science, el 95% de los plásticos que llegan al océano lo hacen a través de sólo 10 ríos y todos ellos se encuentran en Asia (sobre todo en China e India) y África. Creo que en estos lugares el prohibir el uso de bolsas de plástico ni se les ha pasado por la cabeza. Y no veo a los ecologistas desplazándose allí para reivindicarlo.


Una vez conseguida la prohibición de las bolsas de plástico en Occidente, los “salvadores del planeta” han renovado sus objetivos y sus próximas víctimas van a ser ¡las pajitas de los refrescos! Ian Calderón, líder de la mayoría demócrata en la Asamblea de California, ha propuesto a la cámara un proyecto de ley que condenaría a los camareros que ofrezcan a sus clientes pajitas de plástico gratuitas. ¿Las penas? Hasta seis meses de cárcel y multas de 1.000 dólares.

Según Calderón, “debemos llamar la atención sobre el asunto de las pajitas de plástico de un solo uso y sus perjudiciales efectos sobre nuestros vertederos, ríos y océanos”. La propuesta se basa en una estadística: en Estados Unidos se usan 500 millones de pajitas al día. Teniendo en cuenta que en el país viven alrededor de 300 millones de personas, cada norteamericano usa más de una pajita al día.

No crean que esta concienzuda estadística la ha realizado una gran empresa privada o un departamento del Gobierno. No. A pesar de que los grandes medios (Washington Post, CNN, National Geographic, The Guardian, etc.) la han publicado con grandes titulares, el autor de la misma fue un niño de 9 años, Milo Cress, que empezó una campaña contra el uso de las pajitas en 2011. Preguntó en algunas empresas fabricantes, hizo sus cálculos y lanzó la estimación que hoy todos creen a pies juntillas.


Sinceramente, aunque el impacto en el medio ambiente no sea tan grave como nos quieren hacer creer, no me parece mala idea que sustituyan los materiales empleados en las pajitas por otros que sean más respetuosos con la naturaleza, ya sean papel, productos vegetales, etc. Cualquier medida que evite, aunque sea mínimamente, el deterioro del planeta, me parece recomendable. Pero es que los prohibicionistas no quieren que se utilice cualquier otro material; su objetivo es que nadie use pajitas de un solo uso. Y quizás aquí esté la respuesta a esta campaña furibunda: una de las empresas que la finanza, fabrica pajitas reutilizables. Y esas, aunque se tiren a la primera, parece que ya no ensucian.

Ni más ni menos que lo ocurrido con los fabricantes de bolsas reutilizables y las “asesinas” bolsas de plástico. Algún día abriremos los ojos y nos daremos cuenta de que la ecología, sólo tiene en cuenta el negocio.



jueves, 25 de enero de 2018

Las luces LED son malas para el medio ambiente. ¡Lo que nos faltaba!



Siempre he sido de la opinión de que los ecologistas, aunque necesarios en muchos aspectos, aprovechan cualquier avance tecnológico que triunfe para realizar denuncias con el único objetivo de aumentar su popularidad. ¿Su última cruzada? Las luces LED.

Demasiado poco a poco, las luces LED están sustituyendo a las viejas bombillas incandescentes, a los fluorescentes y a los halógenos. Aunque algo más caras, estas luces consumen mucha menos electricidad y su vida útil es mucho más larga. Dos objetivos resueltos: menor consumo energético, con la consecuente reducción de la contaminación y menos residuos llenando los vertederos. Pero los ecologistas le han dado la vuelta y basándose en un estudio publicado en Science Advances han puesto el grito en el cielo: las luces LED aumentan la contaminación lumínica.  


En el estudio se advierte que la superficie iluminada artificialmente de la Tierra sigue creciendo en la mayoría de los países (al igual que lo ha venido haciendo durante el último siglo; cosas del desarrollo). Aumenta en los últimos años más de un 2% anual (casi un 10% de 2012 a 2016). Este aumento es, según la revista y los grupos ecologistas, muy preocupante ya que amenaza al 30% de los vertebrados y al 60% de los invertebrados nocturnos y tiene efectos sobre la fauna, flora y los microorganismos. Incluso tiene impacto sobre la salud humana.

Sin embargo, analizando los datos publicados, se observa que, durante estos años, se produce un estancamiento de la iluminación en Norteamérica y Europa, las zonas más iluminadas a nivel mundial, a pesar de que, al menos en teoría, la luz nos cuesta menos. También que disminuye, lógicamente, en zonas que sufren conflictos armados como Siria o Yemen y que aumenta en América del Sur, Asia y África. Todo esto parece llevarnos a la conclusión de que la iluminación LED está posibilitando que los países en vías de desarrollo mejoren sus condiciones de vida y se acerquen a los niveles de iluminación nocturna de los más desarrollados. ¿Y ahora qué? ¿Les limitamos el uso? ¿Les impedimos que se desarrollen para que no haya más contaminación lumínica?


Los ecologistas lo tienen claro: como la mayor eficiencia energética no reduce los consumos lumínicos del mundo, es necesario implantar un control de emisiones (léase impuestos) como se hace con las emisiones de carbono.

¡Ya sabemos el objetivo del movimiento una vez se agote lo del cambio climático: las lucecitas que molestan!


sábado, 20 de enero de 2018

Gominolas para adelgazar, las 372 Thin Kit (sin ironías)



¿Cuánto pagaría por poder comer gominolas y no engordar? ¿Y por comerlas y, además, lograr adelgazar? Pues resultan un poco caras (65 euros), pero ya se puede conseguir. 372 Thin Kit se llama el invento.

Tras haber tratado a más de 7.000 pacientes en sus 30 años de carrera, la doctora Sara Segovia, licenciada en la Universidad Central de Barcelona, especialista en Anestesiología y Reanimación y máster en Medicina Estética, ha creado el compuesto 372 Thin Kat, un producto en formato gominola que brinda a nuestro organismo la asistencia necesaria para mantenerse en el peso ideal o para lograrlo en caso de estar realizando una dieta.


Libres de azúcar y aptas para diabéticos y celíacos, el programa consta de tres tipos de gominolas diferentes:

- Bye fat!, amarillas, tienen efecto termogénico gracias al extracto de Garcinia Camboya y sirven para reducir el apetito y el almacenamiento de grasas al acelerar el metabolismo.  

- Hi wellness, naranjas, ayudan al tránsito intestinal y sus prebióticos y probióticos benefician nuestra salud.

- By hunger!, blancas, reducen la ansiedad al llevar magnesio, vitamina B6 y L Triptófano que ayudan a que la serotonina controle el apetito y elimine ese deseo loco de picar entre horas.

Según la doctora, se debe tomar una gominola de cada clase, por este orden, a media mañana y a media tarde, masticándolas sin prisas.



Toda ayuda es poca para conseguir rebajar esos kilos de más provocados por las fiestas navideñas, pero por muchos milagros que nos prometan, recuerden que no lo conseguirán sin seguir una dieta equilibrada, sin excederse en las calorías y practicando algún deporte, aunque sean largas caminatas. Con los kilos, al igual que con el dinero, la lotería sólo le toca a unos pocos.